miércoles, 24 de abril de 2013

Historias de Pasion.



Alice descansaba plácidamente en el sofá luego de haber pasado toda la mañana limpiando la casa. Ella meditaba acerca de cosas sin sentidos mientras observaba las mínimas partículas de aire bañadas por el sol del mediodía hasta que un único pensamiento encontró su mente conciente y supo que desde ese momento nada sería igual. Pero, en ese mismo instante, la puerta golpeó dos veces y Alice se incorporó sobresaltada.
 Los extraños golpes le hicieron olvidar sus pensamientos para luego incorporar la duda en su mente si de verdad habían sucedido y con mucha inseguridad fue acercándose hasta apoyar su palidecida mejilla sobre la suave madera pulida de la puerta hacia el exterior.
 Los golpes volvieron a resonar sobresaltando aun más a Alice. En su sobresalto ella comprendió lo estúpida que se sentía, “un inoportuno visitante tal vez, ¿quién más podría ser?”, pensó dubitativa y deshaciéndose de todo miedo sin sentido. Entonces con voz dulce y cantarina preguntó mientras se acomodaba sus rizos desordenados color avellana.
 - ¿Quién es?
 - Soy yo… - Pronunció una fría voz masculina tras la puerta.
 Alice dudó al saber que no podía reconocer aquella voz. Y entonces preguntó.
 - ¿Quién? No voy a abrir la puerta hasta que me digas tu nombre.
 - No conoces mi nombre, pero sabes para qué estoy aquí.
 Entonces Alice fuertemente abrió sus ojos verdes esmeralda, dándoles forma completamente redonda, mientras que su cabeza se agitaba en negación y se daba media vuelta para apoyar su espalda sobre la puerta.
 - Dime a qué haz venido. - Dijo finalmente.
 - Alice, no hagas que sea tan duro, porfavor.
 - ¡Tan sólo dímelo! – Gritó Alice con profunda histeria en su voz.
 El hombre del otro lado de la puerta tomó aire, y pausadamente con un deje de tristeza en su voz dijo tranquilamente:
 - He venido a matarte.
 Alice chilló.
 Pero no chilló con miedo, si no con resignación. El dolor teñía sus ojos de transparentes lágrimas y rasgaba su voz haciéndole provocar chillidos profundos que la ahogaban en un aun más profundo sufrir.
 - No hagas esto más difícil, querida Alice. – Dijo el extraño tras la puerta.
 Entonces una pensamiento se recortó en la cabeza de Alice haciendo limpiar su garganta de aquellos chillidos.
 - Ya nada más importa. – Pronunció con desgano, más aun con una pequeña sonrisa en sus labios.
 Entonces Alice se levantó del suelo barrido y abrió con fuerza aquella puerta al mismo tiempo que se deshacía de sus lágrimas y ambos pares de ojos se encontraron.
 Se encontraron en medio de ese escenario de aspecto feliz irradiado por el sol y reflejado por los jardines verdes del vecindario, ambos pares de ojos se comunicaron con mil palabras sin pronunciarse en una sola mirada unida, sólo por esos pares de ojos.
 – Eres hermoso, extraño. – Dijo Alice con alegría. Apoyando su mano derecha sobre su pecho. El extraño se embelesó con su aspecto y tomando entre sus manos la mano izquierda de Alice desde picaporte dijo:
 – Mi querida Alice, eres la más preciosa.
 Entonces sus bocas se unieron en una frenética búsqueda de un consuelo para ese dolor que los afligía a ambos dos. El extraño acarició a Alice con tanta suavidad que sentía que en cualquier momento sus manos iban a quemarse al tocar aquella piel de flor, y Alice se deshizo de todo ese dolor al saber que estaba besando con su boca a la misma dicha en su honda aflicción.
 Entonces Alice decidió que debía profundizarse más y más en aquel dolor que le traía placer, y así se dejó llevar por aquél extraño hacía los rincones de su misma privacidad en los que nadie había ingresado, y entonces él así pudo sumergirse en ella.
 Los movimientos se lograron intensos pero repetitivos, llenos de un placer casi insoportable y monótono. Alice ya no lo aguantaba más, pero al mismo tiempo lo seguía deseando. Entonces al ver nuevamente a los ojos del extraño, comprendió que allí y en ese momento se iba a producir un momento culminante, y poco a poco lo fue sintiendo en su cabeza y en todo su corazón palpitante, a punto de estallar. La oleada lo fue cubriendo poco a poco, hasta casi dejarla sin suspiro ni respiro. Siguió viendo directo a los ojos del extraño y pudo amarlo con más fuerza. Entonces quiso descreerse de todo el dolor suturado en su espíritu para volverse completamente crédula del afecto que ahora sentía por aquella persona que le estaba dando la dicha más grande de su vida y la estaba acogiendo en sus brazos en ese momento. Quiso imaginar un futuro y olvidar algún pensamiento límite que pudo haber asaltado su cabeza alguna vez en su vida. Alice sólo quiso olvidar el destino, pero la mirada del extraño fue fácil de resolver cuando proyecto en ella el momento final, justo en el mismo instante en que su amor pueda alcanzar el límite y el hechizo fuera apagado para siempre.
 Entonces Alice volvió a rendirse con abatimiento ante aquél destino injusto y sólo quiso decirle al extraño lo feliz que se sentía al morir con él y no en completa soledad, pero no pudo ya que las manos de aquél hombre comenzaban a estrangularla mientras continuaba con su acto de profunda pasión. Pero aun así Alice sintió en su cuello aquella lágrima que había caído de los ojos del culpable extraño y muy conmovida lo miró con una sonrisa en su rostro cansado, tratando de transmitirle a aquél pobre hombre lo muy dichosa que se sentía al no morir en soledad. Ella sabía que no había mejor persona en el mundo que él para matarla y terminar con la adversidad.
 El extraño tomó el último suspiro de Alice con el beso más dulce que pudo entregarle, y así nunca jamás la abandonó.



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